domingo, 29 de noviembre de 2015

Ajeno




Nadaba pálida entre las mareas del tiempo,

pensando que las agujas del reloj
no se le clavarían como puñales en la barriga.

Mientras su recuerdo se desvanecía entre la multitud,
de recuerdos,
apareció su rostro

y una nueva luz.

De pronto un corazón cansado de latir
vuelve a empujar la sangre
para llenar de calor un cuerpo frío.
Demasiado tiempo frío.
Demasiado frío por el tiempo.

Y al despertar no oyó nada.
Solo el zumbido de un silencio atroz.
Tan sordo que dolían los oídos solo de escucharlo.
Y se dio cuenta que no sabía que hacía aquí.
O allí.
O en ninguna parte.
Que nada de esto tenía sentido.
Que todo esto le era ajeno.

Casi tan ajeno como a mí
Después de escribirlo